Quejarnos añade debilidad
Quejarnos sólo añade debilidad a nuestras vidas, pero la gratitud añade poder.
¿Alguna vez sufriste un ataque de pánico? la ciencia indica que el síntoma principal es una sensación de profunda angustia al punto que la víctima se siente literalmente morir.
Toda crisis emocional comienza con una situación de “turbación” en el alma; ésta pequeña palabra se define como el estado de ánimo de la persona que no sabe qué hacer o decir. Como siempre, Jesús sabía lo que decía, sintetizó en un sólo vocablo “turbación” una larga lista de desavenencias del corazón.
¿Acaso es anormal no saber qué hacer? ¿acaso es pecado sentir angustia, soledad, debilidad o tantas cosas por este estilo? Claro que no, Jesús no se refería a eso, de hecho él mismo experimentó todas esas mismas emociones hasta las lágrimas. A lo que se refiere Jesús es a aquellas cosas que “decimos” en momentos en que no sabemos qué decir, nos enseña que es preferible guardar silencio antes de hablar quejas pues ciertamente el comprende nuestro silencio y fortalece a atravesar cualquier circunstancia pero ante la queja no es posible ser fortalecido pues es como el ácido, todo lo corroe sin que lo adviertas.
Por eso, cuando no sepas qué decir o hacer lleva tu silencio ante el Señor y renuncia a las palabras negativas, pues la tristeza suele durar una sola noche pero al amanecer del nuevo día siempre llega la alegría.
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